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lunes, 25 de agosto de 2014
¿Existe el Santo Sudario?
Es una tela de lino la cual presenta marcas relativas a un ser humano víctima de una crucifixión junto a otros totalmente atípicos, pero que coinciden a los relatados en la pasión. El catolicismo asume que es la tela con la cual se envolvió a Jesucristo en el santo sepulcro y que en su resurrección, su imagen quedó grabada en el lienzo. A pesar de haber sido sometido a muchas pruebas y estudios científicos, no se ha podido determinar si realmente cumplió la función que se le atribuye. En 1988 el manto fue sometido a las pruebas del Carbono 14, la cual dató la fecha de origen en mediados del S XIV, lo cual lo convertía en un fraude, pero sus defensores atribuyen un error a la prueba, ya que el lienzo está muy contaminado, además de sobrevivir a tres incendios, lo cual supone una contaminación que puede afectar su composición química
martes, 12 de agosto de 2014
La leyenda del Yeti
El yeti o abominable hombre de las nieves (o Migou para los tibetanos del Himalaya) podría ser un críptido interpretado como un simio gigante emparentado con el Pie Grande norteamericano, el Yowie en Australia, y el Kunk en los Andes. Ante la ausencia total de pruebas, solo se cuenta con relatos que lo describen como un simio gigante bípedo que se cree está localizado en las zonas boscosas de la cordillera del Himalaya, pero otras fuentes indican que podría ser una variedad de oso albo lanudo similar al oso polar.
Quienes creen en su existencia lo consideran pariente lejano del orangután que habitó en esta cordillera hace millones de años; y que por las características que presentaría, posiblemente esté emparentado con el Pie Grande el Yowie y el Kunk. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes de la existencia de este primate. Incluso otras investigaciones relacionan al yeti con los osos. En algunos monasterios de Nepal se conservan restos supuestamente pertenecientes al yeti, pero que posteriormente se ha demostrado pertenecen a un tipo de cabra local. Por otra parte es muy dudosa la existencia de simios de semejante tamaño. Quienes lo niegan, como el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, afirman que los primates en general y los simios en particular sólo viven en lugares donde existen frutas todo el año, es decir, en las zonas tropicales. Además no hay grandes primates en las estepas, ni en los pinares mediterráneos, ni en los bosques de coníferas, solo simios de pequeño tamaño al no haber suficiente alimento disponible. Por otro lado, el montañero, periodista y jurista César Pérez de Tudela afirmó haber avistado a la bajada del Annapurna, en 1973, al yeti.
En el año 2008, un grupo de investigación japonés encabezado por el científico Yoshiteru Takashi, líder del proyecto Yeti nipón, recorrió durante 42 días la región de alta montaña Dhaulagiri IV dejando constancia de haber fotografiado presuntas huellas de unos 45 cm de longitud del escurridizo primate. Takashi asegura que volverá a Nepal y al Tíbet durante los próximos años y no dejará el proyecto hasta que su grupo obtenga pruebas fehacientes de la existencia del ser legendario más buscado del planeta. El yeti también es llamado "El Mono Dorado".
Por otro lado, Reinhold Messner, primer alpinista en subir al Everest sin oxígeno, primero en hacerlo en solitario, primero en coronar los 14 ochomiles, considerado el mejor alpinista del mundo, acostumbrado a vivir en la zona, tras realizar un avistamiento dedicó unos años a su estudio y ha escrito un libro sobre el tema, identificando al ser con el jemo o jemong, el oso pardo tibetano, animal nocturno, grande, que puede caminar a dos patas, de color variable, siempre solitario salvo cuando busca pareja o durante la cría, siendo muy temido por su gran fuerza por los habitantes de la zona, ya que ha causado muchas muertes. Otras fuentes señalan lo mismo, se trataría de un oso similar al oso pardo polar noruego de tipo lanudo adaptado a las alturas.
Es de notar que en todos los relatos de avistamientos jamás se menciona más de un individuo. Por ello una objeción muy importante es el hecho que la supervivencia de toda especie requiere la existencia de una población de cierto tamaño, con individuos de diversas edades e incluyendo formas juveniles - que jamás se han referido -, lo que hace muy dificíl justificar un ocultamiento de tal población por un tiempo prolongado, como se asevera.
Quienes creen en su existencia lo consideran pariente lejano del orangután que habitó en esta cordillera hace millones de años; y que por las características que presentaría, posiblemente esté emparentado con el Pie Grande el Yowie y el Kunk. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes de la existencia de este primate. Incluso otras investigaciones relacionan al yeti con los osos. En algunos monasterios de Nepal se conservan restos supuestamente pertenecientes al yeti, pero que posteriormente se ha demostrado pertenecen a un tipo de cabra local. Por otra parte es muy dudosa la existencia de simios de semejante tamaño. Quienes lo niegan, como el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, afirman que los primates en general y los simios en particular sólo viven en lugares donde existen frutas todo el año, es decir, en las zonas tropicales. Además no hay grandes primates en las estepas, ni en los pinares mediterráneos, ni en los bosques de coníferas, solo simios de pequeño tamaño al no haber suficiente alimento disponible. Por otro lado, el montañero, periodista y jurista César Pérez de Tudela afirmó haber avistado a la bajada del Annapurna, en 1973, al yeti.
En el año 2008, un grupo de investigación japonés encabezado por el científico Yoshiteru Takashi, líder del proyecto Yeti nipón, recorrió durante 42 días la región de alta montaña Dhaulagiri IV dejando constancia de haber fotografiado presuntas huellas de unos 45 cm de longitud del escurridizo primate. Takashi asegura que volverá a Nepal y al Tíbet durante los próximos años y no dejará el proyecto hasta que su grupo obtenga pruebas fehacientes de la existencia del ser legendario más buscado del planeta. El yeti también es llamado "El Mono Dorado".
Por otro lado, Reinhold Messner, primer alpinista en subir al Everest sin oxígeno, primero en hacerlo en solitario, primero en coronar los 14 ochomiles, considerado el mejor alpinista del mundo, acostumbrado a vivir en la zona, tras realizar un avistamiento dedicó unos años a su estudio y ha escrito un libro sobre el tema, identificando al ser con el jemo o jemong, el oso pardo tibetano, animal nocturno, grande, que puede caminar a dos patas, de color variable, siempre solitario salvo cuando busca pareja o durante la cría, siendo muy temido por su gran fuerza por los habitantes de la zona, ya que ha causado muchas muertes. Otras fuentes señalan lo mismo, se trataría de un oso similar al oso pardo polar noruego de tipo lanudo adaptado a las alturas.
Es de notar que en todos los relatos de avistamientos jamás se menciona más de un individuo. Por ello una objeción muy importante es el hecho que la supervivencia de toda especie requiere la existencia de una población de cierto tamaño, con individuos de diversas edades e incluyendo formas juveniles - que jamás se han referido -, lo que hace muy dificíl justificar un ocultamiento de tal población por un tiempo prolongado, como se asevera.
viernes, 8 de agosto de 2014
No solo los perros lamen
Una niña de 15 años, conocida en la historia simplemente como “girl“, decidió que ya era lo suficientemente mayor como para quedarse sola en casa, desestimando un viaje con sus padres durante un fin de semana. Además, si algo pasaba ella tendría a su fiel perro para protegerla.
Al llegar la noche, cerró todas las puertas y trató de cerrar las ventanas, pero una se negó a cerrarse. Después de mucha insistencia, la chica se rindió y dejó la ventana abierta. Se dio un baño y se fue a dormir. Su perro tomó su sitio de costumbre bajo la cama.
En el medio de la noche se despertó debido al sonido de un goteo constante proveniente del cuarto de baño. Estaba demasiado asustada para ir a ver de qué se trataba. Metió la mano debajo de la cama y sintió una lamida. Eso la calmó y volvió a dormir. Más tarde, se despertó nuevamente con el sonido de las gotas. Temerosa, una vez más extendió su mano debajo de la cama, sintió una lamida y se volvió a dormir. Despertó más tarde nuevamente, extendió otra vez su mano y sintió la lamida.
Preocupada por el sonido del goteo, ella se levantó y caminó lentamente hacia el baño. El sonido de las gotas cayendo se hacía cada vez más fuerte mientras ella se acercaba. Llegó al cuarto de baño y encendió la luz. Ahí mismo fue testigo de una escena horrible: colgando en la ducha estaba su perro, con un corte a lo largo de toda la garganta y la sangre goteando en la bañera.
En el espejo del baño, algo llamó su atención. Escrito con la sangre de su perro estaban las palabras “NO SOLO LOS PERROS LAMEN“. La chica entró en pánico y salió corriendo hasta la granja más próxima, hasta el día de hoy no sabe quién o que mató al animal.
Fuente: Para mas mitos
martes, 5 de agosto de 2014
La foto del celular
“Hace algunos años, la prima de un amigo (madre soltera) ganó en su cumpleaños un celular nuevo. Después de un largo día de trabajo ella dejo su teléfono sobre la mesa y comenzó a ver la televisión cuando, luego de regresar de la escuela, su hijo se le acercó y le preguntó si podía jugar con el nuevo dispositivo. Se lo permitió, pero le dijo que no llamara ni enviara mensajes de texto a nadie, situación con la que inmediatamente estuvo de acuerdo el niño.
Alrededor de las 11:20 de la noche, cuando finalmente se cansó de ver la televisión, decidió llamar a su hijo e ir a dormir. Se dirigió a la habitación del niño, sólo para ver que él no se encontraba allí. Luego fue a su habitación para encontrarlo durmiendo en su cama con el teléfono en la mano. Al navegar por su teléfono celular, se dio cuenta de algunos cambios menores, tales como un nuevo papel tapiz, un tono de llamada diferente, etc.
Cuando llegó a la sección de fotos comenzó a borrar las últimas imágenes capturadas hasta que se encontró con la última. Cuando la vio por primera vez, no podía creerlo. Era su hijo, durmiendo en su cama, pero la foto parecía haber sido tomada por alguien más. Era la mitad izquierda de un rostro de algo que aparentaba ser una mujer anciana”
Alrededor de las 11:20 de la noche, cuando finalmente se cansó de ver la televisión, decidió llamar a su hijo e ir a dormir. Se dirigió a la habitación del niño, sólo para ver que él no se encontraba allí. Luego fue a su habitación para encontrarlo durmiendo en su cama con el teléfono en la mano. Al navegar por su teléfono celular, se dio cuenta de algunos cambios menores, tales como un nuevo papel tapiz, un tono de llamada diferente, etc.
Cuando llegó a la sección de fotos comenzó a borrar las últimas imágenes capturadas hasta que se encontró con la última. Cuando la vio por primera vez, no podía creerlo. Era su hijo, durmiendo en su cama, pero la foto parecía haber sido tomada por alguien más. Era la mitad izquierda de un rostro de algo que aparentaba ser una mujer anciana”
viernes, 1 de agosto de 2014
La Llorona
La historia de terror comienza en un lugar donde las montañas es la principal vistas para el ser humano, cerca de grandes ríos como también de hermosas lagunas, los habitantes explican que han visto una hermosa mujer con un larga bata negra que lo cubre la mayoría de todo su cuerpo. Tiene un cabello largo, completamente negro, pero este esta lleno de insectos como grillos, mariposas e insectos. En lugar de tener una cabeza, ella tiene una calavera, su ojos parecen dos bolas de llamas ardiendo. Sus manos son completamente huesudas totalmente llenas de sangre, donde en su recorrido por el pueblo mece a un bebe muerto.
Fuente: www.mitosdeterror.com
jueves, 31 de julio de 2014
La Caja de Pandora
Hace
mucho, muchísimo tiempo, cuando nuestro mundo se hallaba en la infancia, había
un niño llamado Epimeteo, que nunca había tenido padre ni madre, y para que no
estuviera solo, otra niña, procedente de un lejano país, y que se llamaba
Pandora, fue llevada a vivir con él.
La primera cosa que vio Pandora al entrar en la casa en que vivía
Epimeteo, fue una gran caja, y casi inmediatamente después de haber atravesado
el umbral, preguntó qué había en ella.
—Mi querida Pandora —contestó Epimeteo —es un secreto. La caja fue
dejada aquí, para que estuviese bien guardada; y yo mismo no sé lo que
contiene.
—Pero ¿quién te la dio? —Preguntó Pandora — ¿De dónde procede?
—Una persona de aspecto risueño e inteligente la dejó ante la
puerta antes de que llegaras tú; y según vi, apenas podía contener la risa al
hacerlo.
—Ya lo conozco, —dijo Pandora pensativa—era Mercurio. Éste fue
quien me trajo, y sin duda hizo lo mismo con la caja. Estoy segura de que es
para mí, y probablemente, contiene hermosos trajes y juguetes o bien una
golosina.
—Es posible—contestó Epimeteo alejándose—pero hasta que Mercurio
regrese y nos autorice para ello, no tenemos el derecho de abrirla.
— ¡Qué muchacho tan tímido! —murmuró Pandora, cuando el niño salía
de la casita. —Me gustaría que fuese más animoso.
Y en cuanto Epimeteo se marchó, la niña se quedó mirando el objeto
que había despertado su curiosidad.
Las esquinas de la caja aparecían talladas con mucho arte y
primor. En los lados había figuras muy graciosas de hombres, mujeres y
lindísimos niños. La cara más bonita de todas había sido esculpida en alto
relieve, en el centro de la tapa. Ninguna otra particularidad se advertía,
exceptuando la obscura y lisa riqueza de la madera pulimentada y el rostro del
centro con unas guirnaldas de flores sobre sus cejas.
La caja permanecía bien cerrada y no por una cerradura u otro
medio semejante, sino con una cuerda de oro cuyos dos extremos estaban atados
de un modo tan complicado, que, probablemente, nadie habría logrado deshacer el
nudo. Y, sin embargo, precisamente al ver tal dificultad, más deseos sentía
Pandora de examinarlo, a fin de averiguar cómo había sido hecho.
—Creo—se dijo—que ya sabré des-hacerlo y luego atarlo otra vez, y
como de ello no ha de resultar ningún daño…
Ante todo, trató de levantar la caja. Elevó un lado algunos
centímetros y la dejó caer, produciendo algún ruido. Un momento después le
pareció oír que dentro se removía algo. Aplicó el oído y escuchó. Sin duda
alguna se percibía dentro algo así como murmullos apagados.
Y al retirar la cabeza, sus ojos se clavaron en el nudo de la
áurea cuerda.
—No hay duda de que quien hizo este nudo es persona muy ingeniosa,
se dijo —pero me parece que lo podré deshacer.
Entretanto los brillantes resplandores del sol atravesaron la
abierta ventana. Pandora se detuvo para escuchar, pero al mismo tiempo e
inadvertidamente, retorció algo el nudo, y con gran sorpresa vio que la cuerda
de oro se había desatado por sí misma, como por magia.
— ¡Que cosa tan extraña! —exclamó la niña. — ¿Qué dirá Epimeteo? —
¿Sabré hacer otra vez el nudo?
Hizo una o dos tentativas para conseguirlo, pero pronto vio que
tal intento era muy superior a su destreza. Así, pues, nada podía hacer, sino
dejar la caja desatada hasta el regreso de Epimeteo.
Entonces la niña pensó que su amigo creería que había mirado el
interior de la caja, y no siéndole posible evitar que así se lo figurara, dígase
que lo mejor era justificar tal sospecha satisfaciendo su curiosidad… No habría
podido asegurar si era ilusión o no, pero le parecía que algunas voces
murmuraban dentro de la caja:
— ¡Déjanos salir, querida Pandora, déjanos salir! ¡Seremos para ti
muy buenos compañeros de juego! ¡Oh, déjanos salir!
— ¿Quién será? —Pensó Pandora. — Sin duda hay alguien vivo dentro.
Sí, seguramente. Voy a dar una mirada, sólo una y luego volveré a cerrar.
Pero ya es tiempo de que veamos lo que hacía Epimeteo.
Aquella era la primera vez, desde que llegara su compañera de
juegos, que había tratado de divertirse solo, pero como se aburría, decidió
interrumpir sus juegos y volver a donde estaba Pandora. En el momento en que
iba a entrar en la casita, la mala niña tenía la mano a punto de levantar la
tapa de la caja, y Epimeteo la vio. Si él la hubiera avisado dando un grito,
Pandora, probablemente, habría retirado la mano de la caja; y tal vez no fuera
conocido aún el fatal misterio que guardaba.
Cuando Pandora levantó la tapa, el aire se obscureció porque una
nube negra salió de ella y se extendió ante el sol, ocultándolo completamente.
Luego, durante algunos instantes, se oyó un murmullo y una serie de gruñidos
que pronto se transformaron en un fragor parecido al estampido del trueno… Pero
Pandora, sin hacer caso de ello, acabó de levantar la tapa de la caja y miró a su
interior.
Pareció como si una multitud de seres alados pasaran rozándole el
rostro, huyendo del encierro, y en el mismo instante oyó la voz de Epimeteo que
exclamaba en tono lastimero, como si experimentara algún dolor:
— ¡Oh, me han picado! ¡Me han picado! ¡Perversa Pandora! ¿Por qué
has abierto esa maldita caja?
La niña dejó caer la tapa e incorporándose miró a su alrededor
para ver qué le había ocurrido a Epimeteo. La nube que se había formado
obscureció de tal modo la habitación que apenas podía divisarse lo que en ella
había. Pero oyó un desagradable zumbido, como si por allí revolotearan enormes
abejorros. En cuanto sus ojos se hubieron acostumbrado a la imperfecta luz que
reinaba, vio un enjambre de feas y asquerosas figuras provistas de alas de murciélago
y armadas de terribles aguijones en sus colas, una de las cuales fue la que
picó a Epimeteo. Pocos instantes después también Pandora empezó a quejarse,
pues sentía no menos dolor y miedo del que experimentara su compañero de
juegos, pero sus quejas fueron más ruidosas que las de Epimeteo. Un repugnante
y ruin monstruo se posó en su frente, y la habría herido tal vez de gravedad,
si Epimeteo no lo hubiera impedido.
Ahora, si desea saber el lector quienes eran aquellos feos seres
evadidos de La caja en que estaban prisioneros, le diremos que formaban la
familia completa de los males. Había malas Pasiones, muchas especies de
Cuidados, más de ciento cincuenta Dolores y Tristezas, gran número de
Enfermedades y, en fin, más formas de Maldad de lo que es dable imaginar.
Entretanto no sólo Pandora, sino también Epimeteo, habían sido gravemente
picados y sufrían mucho, cosa que les parecía tanto más intolerable, cuanto que
era el primer dolor que sentían desde que existía el mundo. Por esta razón
estaban de muy mal humor y muy disgustados uno de otro.
Epimeteo se sentó en un rincón dando la espalda a Pandora y ésta,
por su parte, se dejó caer al suelo, apoyando la cabeza sobre la fatal y
abominable caja. Lloraba amargamente como si su corazón fuera a destrozarse.
De pronto se oyó un golpecito procedente del interior de la caja.
— ¿Quién podrá ser? —se preguntó Pandora, levantando la cabeza. En
cuanto a Epimeteo, o no había oído el golpe, o estaba demasiado preocupado para
hacer caso de él. Sea como fuere, no contestó.
— ¿Por qué no me hablas? —exclamó Pandora sollozando
Y entonces se oyó nuevamente el golpecito, procedente del interior
de la caja. Era tan suave que parecía como si lo dieran los dedos de un hada.
— ¿Quién eres? —preguntó Pandora sintiendo aún cierta curiosidad.
Una vocecita dulce contestó a sus palabras, diciendo:
— ¡Levanta la tapa y lo verás!
—No, no—contestó Pandora echándose a llorar de nuevo. —Ya estoy
escarmentada de haber abierto la caja. ¡Ya que estás encerrada, no saldrás!
Y miró a Epimeteo mientras hablaba, solicitando su aprobación a lo
que acababa de decir. Pero el muchacho sólo murmuró que tal prueba de buen juicio
era tardía.
— ¡Ah! dijo nuevamente la dulce vocecita —obrarás bien dejándome
salir. No soy como esos monstruos que tienen aguijones en la cola. Ven, hermosa
Pandora. Estoy segura de que me dejarás salir.
Y había un encanto tal en el tono de aquella voz, que casi era
imposible negarse a lo que pedía. Pandora, al oiría, sentía disiparse su
tristeza y Epimeteo, que continuaba en su rincón, volvió la cabeza mostrando en
su aspecto mejor humor que antes.
—Querido Epimeteo—exclamó Pandora, — ¿has oído esa vocecita?
—Sí, contestó él, todavía malhumorado—y ¿qué?
— ¿Te parece que abra otra vez la caja?
—Obra como quieras —replicó Epimeteo. —Después de lo hecho ya no
importa que repitas tu imprudente acción.
—Podrías hablarme con alguna mayor bondad —murmuró la niña
enjugándose los ojos.
— ¡Si estás deseando verme!—gritó la vocecita, dirigiéndose a
Epimeteo. —Ven, querida Pandora, abre porque tengo gran prisa por consolarte.
— ¡Epimeteo! —Exclamó Pandora —Suceda lo que quiera, estoy
resuelta a abrir la caja.
—Y, como la tapa parece muy pesada, —dijo el niño atravesando la
habitación —yo te ayudaré.
Y así los dos niños unieron sus fuerzas para abrir nuevamente la
caja. Salió de ella un personaje sonriente, cuyo cuerpo parecía formado con
rayos de sol.
Empezó a revolotear por la estancia, iluminando los lugares en que
se posaba. Se llegó a Epimeteo, y tocó ligeramente con uno de sus dedos el
lugar donde le había picado el Dolor y en el acto el niño dejó de sentir
sufrimiento alguno. Luego besó a Pandora en la frente y el daño que le causara
el Mal fue también inmediatamente curado.
— ¿Quién eres, hermosa criatura?— exclamó Pandora—
—Soy la Esperanza —contestó el brillante ser.
—Tus alas tienen el color del arco iris —añadió la niña. — ¡Qué
hermosas son!
—Sí, son como el arco iris —dijo la Esperanza —porque aun cuando
mi naturaleza es alegre, estoy formada de lágrimas y de sonrisas.
— ¿Querrás quedarte para siempre a nuestro lado? —preguntó Epimeteo.
—No me moveré mientras me necesitéis —contestó la Esperanza
sonriendo. —No os abandonaré mientras viváis en el mundo. Sí, queridos niños,
sé que más tarde os será otorgado un don inapreciable.
— ¡Oh, dinos cual!
—No me lo preguntéis —repuso la Esperanza poniéndose un dedo en
sus rosados labios. —Pero no desesperéis, aun cuando nunca gozaseis en esta
vida de la felicidad que os he anunciado. Creed en mi promesa, porque es
verdadera.
— ¡Creemos en ti! —gritaron a coro Epimeteo y Pandora.
Y así lo hicieron, y no solamente ellos, sino que también todo el
mundo ha confiado en la Esperanza, que desde entonces vive en el corazón de los
hombres.
Tal es el poético ropaje con que la imaginación griega ha vestido
la caída de los progenitores del linaje humano, que con diversas formas se nos
presenta en las tradiciones y mitos de los pueblos antiguos
Fuente: mitos y leyendas
Fuente: mitos y leyendas
lunes, 28 de julio de 2014
El mito del Cóndor
Se dice que en un pueblo, un hombre vivía con su hija. La hija cuidaba obejas y otros animales y cada día un joven vestido con elegancia iba a visitarla, el joven tenía un traje negro hermoso, chalina blanca y un gran sombrero. Cada día el joven iba a visitar a la jovencita, y se hicieron buenos amigos.
Un día comenzaron a jugar así: “Álzame tú y yo te alzaré”. Comenzaron el juego, y el joven alzo a la joven. Recién cuando la había alzado en alto, la joven se dio cuenta de que estaba volando.
El joven puso a la niña dentro de un nido en un barranco. Allí el joven se convirtió en cóndor. Por varios meses el cóndor cuido a la joven, le daba toda clase de carnes para comer y bebidas para tomar.
Cuando habían estado unos años juntos, ella llego a ser mujer y dio a luz un niño, pero, la ya ahora mujer, lloraba día y noche por su padre, a quien había dejado en su pueblo.
“¿Cómo puede estar solo mi padre? ¿Quién está cuidando a mi padre? ¿Quién está cuidando a mis ovejas? Devuélveme a mi casa”, le rogaba la mujer al cóndor pero él hacia caso omiso a sus peticiones.
Un día un picaflor apareció. La mujer le dijo: “¡Ay, picaflor! no tengo ninguna manera de bajar de aquí, Hace más de un año, un cóndor, convirtiéndose en joven, me trajo aquí. Ahora soy mujer. Y he dado a luz a su hijo”.
El picaflor le contestó: “Escúchame, no llores. Te voy a ayudar.Iré a contarle a tu papá dónde estás, y tu papá vendrá a buscarte”.
La joven le dijo: “Escúchame, picaflor. ¿Conoces mi casa, no? En mi casa hay muchas flores, te aseguro que si tú me ayudas, todas las flores que hay en mi casa serán para ti”.
Cuando dijo eso, el picaflor voló contento al pueblo, y fue a decir al padre de la mujer: “He descubierto dónde está tu hija. Está en un nido en el barranco.
Es la mujer de un cóndor, va a ser difícil bajarla. Tenemos que llevar un burro muerto”, dijo el picaflor, y explico su plan al viejo.
Dejaron el burro muerto en el suelo. Y mientras el cóndor estaba comiendo el burro, el picaflor y el viejo ayudaron a la jovencita a bajar del barranco.
Después llevaron dos sapos: uno pequeño y otro grande, dejaron los sapos en el nido del barranco. Bajaron el viejo y su hija y fueron hacia el pueblo.
El picaflor fue donde estaba el cóndor, y le contó: “Oye, cóndor. Tú no sabes que desgracia hay en tu casa”. “¿Que ha pasado?” el cóndor le preguntó. “Tu mujer y tu hijo se han convertido en sapos”. El cóndor sorprendido se fue volando a ver. Ni la joven, ni su hijo estaban dentro del nicho, solamente dos sapos.
El cóndor se asustó, pero no pudo hacer nada; y el picaflor está todos los días entre las flores en la casa de la jovencita.
Mientras ella, su hijo y su padre viven felices en la comunidad.
Fuente: mitoscortos.org
Un día comenzaron a jugar así: “Álzame tú y yo te alzaré”. Comenzaron el juego, y el joven alzo a la joven. Recién cuando la había alzado en alto, la joven se dio cuenta de que estaba volando.
El joven puso a la niña dentro de un nido en un barranco. Allí el joven se convirtió en cóndor. Por varios meses el cóndor cuido a la joven, le daba toda clase de carnes para comer y bebidas para tomar.
Cuando habían estado unos años juntos, ella llego a ser mujer y dio a luz un niño, pero, la ya ahora mujer, lloraba día y noche por su padre, a quien había dejado en su pueblo.
“¿Cómo puede estar solo mi padre? ¿Quién está cuidando a mi padre? ¿Quién está cuidando a mis ovejas? Devuélveme a mi casa”, le rogaba la mujer al cóndor pero él hacia caso omiso a sus peticiones.
Un día un picaflor apareció. La mujer le dijo: “¡Ay, picaflor! no tengo ninguna manera de bajar de aquí, Hace más de un año, un cóndor, convirtiéndose en joven, me trajo aquí. Ahora soy mujer. Y he dado a luz a su hijo”.
El picaflor le contestó: “Escúchame, no llores. Te voy a ayudar.Iré a contarle a tu papá dónde estás, y tu papá vendrá a buscarte”.
La joven le dijo: “Escúchame, picaflor. ¿Conoces mi casa, no? En mi casa hay muchas flores, te aseguro que si tú me ayudas, todas las flores que hay en mi casa serán para ti”.
Cuando dijo eso, el picaflor voló contento al pueblo, y fue a decir al padre de la mujer: “He descubierto dónde está tu hija. Está en un nido en el barranco.
Es la mujer de un cóndor, va a ser difícil bajarla. Tenemos que llevar un burro muerto”, dijo el picaflor, y explico su plan al viejo.
Dejaron el burro muerto en el suelo. Y mientras el cóndor estaba comiendo el burro, el picaflor y el viejo ayudaron a la jovencita a bajar del barranco.
Después llevaron dos sapos: uno pequeño y otro grande, dejaron los sapos en el nido del barranco. Bajaron el viejo y su hija y fueron hacia el pueblo.
El picaflor fue donde estaba el cóndor, y le contó: “Oye, cóndor. Tú no sabes que desgracia hay en tu casa”. “¿Que ha pasado?” el cóndor le preguntó. “Tu mujer y tu hijo se han convertido en sapos”. El cóndor sorprendido se fue volando a ver. Ni la joven, ni su hijo estaban dentro del nicho, solamente dos sapos.
El cóndor se asustó, pero no pudo hacer nada; y el picaflor está todos los días entre las flores en la casa de la jovencita.
Mientras ella, su hijo y su padre viven felices en la comunidad.
Fuente: mitoscortos.org
domingo, 27 de julio de 2014
El jinete sin cabeza
En un pueblo muy lejano se hablaba de un jinete que acostumbraba a hacer su recorrido por las noches en un caballo, la gente muy extrañada se preguntaba ¿por que hace eso?, ya que no era muy común que alguien saliera por las noches a hacer esos recorridos.
En una noche muy oscura y con fuertes relámpagos desapareció del lugar, sin dar señas de su desaparición. Pasaron los años y la gente ya se había olvidado de esa persona, y fue en una noche igual a la que desapareció que se escuchó nuevamente la cabalgata de aquel caballo. Por la curiosidad muchas personas se asomaron, y vieron un jinete cabalgar por las calles, fue cuando un relámpago cayó e iluminó al jinete y lo que vieron fue que ese jinete no tenia cabeza. La gente horrorizada se metió a sus casas y no se explicaban lo que habían visto.
Cuentan también que el jinete fue decapitado en uno de sus recorridos nocturnos y que vaga todas las noches en busca de su cabeza y decapitando a cualquiera que se encuentre en su camino.
En una noche muy oscura y con fuertes relámpagos desapareció del lugar, sin dar señas de su desaparición. Pasaron los años y la gente ya se había olvidado de esa persona, y fue en una noche igual a la que desapareció que se escuchó nuevamente la cabalgata de aquel caballo. Por la curiosidad muchas personas se asomaron, y vieron un jinete cabalgar por las calles, fue cuando un relámpago cayó e iluminó al jinete y lo que vieron fue que ese jinete no tenia cabeza. La gente horrorizada se metió a sus casas y no se explicaban lo que habían visto.
Cuentan también que el jinete fue decapitado en uno de sus recorridos nocturnos y que vaga todas las noches en busca de su cabeza y decapitando a cualquiera que se encuentre en su camino.
Fuente: mitos cortos
sábado, 26 de julio de 2014
El Vampiro de Flores
Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares proveniente de la zona de los Cárpatos. Al igual que el conde Drácula, Belek fue expulsado luego de que Boris Loff, el dueño del circo, junto a dos testigos: la Mujer Barbuda y el Hombre Bala, lo encontraran prendido al cuello de una mona integrante de la troupe circense.
Pero el mito, apenas comienza aquí. El verdadero horror se desató cuando Belek se refugió en una casa abandonada del Bajo Flores y comenzaron a desaparecer misteriosamente todos los gatos del barrio.
El relato cuenta que los vecinos protegieron sus casas con ristras de ajo mientras portaban crucifijos por las calles, por temor a ser atacados. Una noche de invierno, cerca de la estación Flores, los hombres del barrio lograron cazar al vampiro con una improvisada red, fabricada con la malla de un arco de fútbol, pero éste se les escapó furtivamente. Algunos aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sale de tanto en tanto a producir estragos entre los desprevenidos transeúntes.
Pero el mito, apenas comienza aquí. El verdadero horror se desató cuando Belek se refugió en una casa abandonada del Bajo Flores y comenzaron a desaparecer misteriosamente todos los gatos del barrio.
El relato cuenta que los vecinos protegieron sus casas con ristras de ajo mientras portaban crucifijos por las calles, por temor a ser atacados. Una noche de invierno, cerca de la estación Flores, los hombres del barrio lograron cazar al vampiro con una improvisada red, fabricada con la malla de un arco de fútbol, pero éste se les escapó furtivamente. Algunos aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sale de tanto en tanto a producir estragos entre los desprevenidos transeúntes.
Publicado por
Octavio Lo Bue
en
23:02
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La Dama de la Vela y La Dama Vestida de Negro
La Dama de la Vela
Fuente: Para Mas Mitos
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