El nombre de Jack el Destripador viene de una carta enviada en 1888 a la policía de Londres sobre el asesinato de cinco prostitutas.
Su verdadera identidad nunca ha sido probada. Las historias acerca de los asesinatos en serie en las calles de Londres de la época victoriana captaron la atención de los lectores alrededor del mundo, alentando la más intensa especulación que duró más de un siglo.
La escritora de crímenes Patricia Cornwell contribuyó a las teorías con su libro Retrato de un asesino – Jack el Destripador: Caso Cerrado(2002). Cornwell señaló al pintor Walter Sickert, basándose en las marcas de agua similares a la de la carta enviada a la policía y el papel de escritura personal de Sickert. Ella también sostuvo que muchas de sus pinturas representaban las escenas de crimen de Jack el Destripador.
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jueves, 4 de septiembre de 2014
martes, 22 de julio de 2014
El Perro de la Calle
Sara y Antonio disfrutaban de su luna de miel en México, se habían casado apresuradamente porque ella quedó embarazada, pero no por ello se querían menos que el resto de los recién casados. Llevaban años hablando de la boda y el próximo nacimiento no hizo mas que acelerar un enlace que ellos deseaban desde hacía tiempo. Su viaje estaba resultando de lo más placentero, México les cautivaba, ambos caminaban durante horas por las playas de Cancún hasta que el Sol caía, no habían visto un paraíso igual.
Una tarde mientras caminaban por la playa decidieron alejarse un poco de la zona turística, a unos cientos de metros encontraron lo que parecía un vertedero. Una zona sucia con un olor nauseabundo y un riachuelo cubierto casi totalmente por espuma. Entre la basura vieron un pequeño cuerpo moverse, un perrito Chihuahua que parecía muy enfermo, tenía los ojos rojos, probablemente por alguna infección, estaba muy delgado y apenas podía moverse. La pareja que era amante de los animales no pudo quedarse indiferente, recogieron al animal y lo llevaron al hotel.
No les quedaba mucho tiempo de vacaciones y sabían que las normas del hotel eran muy estrictas con respecto a los animales, así que no pudieron llamar a un veterinario. Sin embargo, el amor y atenciones que dedicaron al perrito parecía tener sus frutos, lo alimentaron, limpiaron y al día siguiente parecía haber mejorado mucho, pues ya podía caminar y abrir los ojitos.
Enamorados del dulce animal decidieron que no podían abandonarlo de nuevo a su suerte, mientras hacían la maleta para regresar a España hablaban de lo bien que se llevaría con su gato Baltasar. Metieron al perrito en un bolso y se dirigieron al aeropuerto.
Como Sara estaba embarazada, no tuvo que pasar los filtros de seguridad, por lo cual pudo pasar fácilmente al perrito escondido en su bolso, el animal aún estaba tan débil que no podía ladrar, por lo que sería fácil llevarlo sin que nadie se diera cuenta. Una vez llegaron a su casa, su gato comenzó a comportarse de una manera extraña: tenía un comportamiento muy agresivo con el Chihuahua, como si estuviera asustado. Pensaron que serían celos y que pronto serían amigos.
Pasados unos meses nadie podría reconocer al Chihuahua, el pequeño animal que parecía un esqueleto cuando lo encontraron había ganado peso inusual para un perrito de sus características. El gato estaba muerto de miedo y no bajaba de los muebles para nada. El Chihuahua se había convertido en el rey de la casa.
Por otra parte Sara había tenido una niñita preciosa. Debido a la preocupación de las últimas semanas de embarazo y la alegría del nacimiento la pareja casi ni se había percatado del comportamiento de sus mascotas.
Hasta que un día Baltasar desapareció, el gato alguna vez había realizado alguna escapadita en busca de gatitas en celo, pero era la primera vez que no regresaba en varios días. Antonio puso varios carteles por el barrio con la foto del gato, pero no dieron sus frutos, el gato se había ido.
Pasado un tiempo todo parecía haber vuelto a la normalidad, su bebé con dos meses estaba cada día más guapa. Su perrito ya pesaba 10 kilos y tenían un cuerpo rechoncho pero muy fuerte, era una verdadera máquina de comer que nunca parecía saciarse. Una tarde la comida del perro se acabó, por lo que Antonio tuvo que salir a comprar más, mientras Sara cuidaba de su hija. La madre aprovechando que el bebé se acababa de dormir se metió a la ducha. Mientras se enjabonaba escuchó el corto llanto de su hija, pero a los pocos segundos se calló de nuevo.
Cuando Sara salió de la ducha su niña había desaparecido, no estaba en la cuna donde la había dejado. Como loca se puso a buscar por toda la habitación, debajo de la cama, en los armarios… nada, ¡La niña había desaparecido!
Antonio que llegaba en ese momento encontró a su mujer gritando y llorando de desesperación, juntos revisaron hasta el último rincón de la casa, hasta que se dieron cuenta de que su perro tenía las patas llenas de barro y sangre en el hocico. Temiéndose lo peor, salieron a su pequeño jardín donde encontraron oculto detrás de un seto un agujero en la tierra, como una madriguera. Aterrorizados por lo que pudieran encontrar cavaron con sus manos. Bajo tierra encontraron el cadáver de su hija parcialmente devorada y los restos de lo que parecía su gato desaparecido. Antonio encolerizado fue en busca del perro y con un bate de béisbol le golpeó varias veces matándolo en el acto.
La policía llegó pocos minutos después y desconcertados por el caso llamaron a la perrera municipal para que se llevaran al animal, debían comprobar si tenía rabia y podría haber contagiado a sus dueños u otros perros del vecindario. El veterinario al llegar al lugar de los hechos dejó a todo el mundo estupefacto. “Esto no es un perro, es una rata enorme” Al parecer la rata había crecido junto a un riachuelo contaminado por lo que había perdido el pelo, su increíble tamaño también podría deberse a una mutación, motivo por el cual había crecido con un cuerpo bien deformado que se podría parecer al de un perro.”
Fuente: Creepypastas.com
Una tarde mientras caminaban por la playa decidieron alejarse un poco de la zona turística, a unos cientos de metros encontraron lo que parecía un vertedero. Una zona sucia con un olor nauseabundo y un riachuelo cubierto casi totalmente por espuma. Entre la basura vieron un pequeño cuerpo moverse, un perrito Chihuahua que parecía muy enfermo, tenía los ojos rojos, probablemente por alguna infección, estaba muy delgado y apenas podía moverse. La pareja que era amante de los animales no pudo quedarse indiferente, recogieron al animal y lo llevaron al hotel.
No les quedaba mucho tiempo de vacaciones y sabían que las normas del hotel eran muy estrictas con respecto a los animales, así que no pudieron llamar a un veterinario. Sin embargo, el amor y atenciones que dedicaron al perrito parecía tener sus frutos, lo alimentaron, limpiaron y al día siguiente parecía haber mejorado mucho, pues ya podía caminar y abrir los ojitos.
Enamorados del dulce animal decidieron que no podían abandonarlo de nuevo a su suerte, mientras hacían la maleta para regresar a España hablaban de lo bien que se llevaría con su gato Baltasar. Metieron al perrito en un bolso y se dirigieron al aeropuerto.
Como Sara estaba embarazada, no tuvo que pasar los filtros de seguridad, por lo cual pudo pasar fácilmente al perrito escondido en su bolso, el animal aún estaba tan débil que no podía ladrar, por lo que sería fácil llevarlo sin que nadie se diera cuenta. Una vez llegaron a su casa, su gato comenzó a comportarse de una manera extraña: tenía un comportamiento muy agresivo con el Chihuahua, como si estuviera asustado. Pensaron que serían celos y que pronto serían amigos.
Pasados unos meses nadie podría reconocer al Chihuahua, el pequeño animal que parecía un esqueleto cuando lo encontraron había ganado peso inusual para un perrito de sus características. El gato estaba muerto de miedo y no bajaba de los muebles para nada. El Chihuahua se había convertido en el rey de la casa.
Por otra parte Sara había tenido una niñita preciosa. Debido a la preocupación de las últimas semanas de embarazo y la alegría del nacimiento la pareja casi ni se había percatado del comportamiento de sus mascotas.
Hasta que un día Baltasar desapareció, el gato alguna vez había realizado alguna escapadita en busca de gatitas en celo, pero era la primera vez que no regresaba en varios días. Antonio puso varios carteles por el barrio con la foto del gato, pero no dieron sus frutos, el gato se había ido.
Pasado un tiempo todo parecía haber vuelto a la normalidad, su bebé con dos meses estaba cada día más guapa. Su perrito ya pesaba 10 kilos y tenían un cuerpo rechoncho pero muy fuerte, era una verdadera máquina de comer que nunca parecía saciarse. Una tarde la comida del perro se acabó, por lo que Antonio tuvo que salir a comprar más, mientras Sara cuidaba de su hija. La madre aprovechando que el bebé se acababa de dormir se metió a la ducha. Mientras se enjabonaba escuchó el corto llanto de su hija, pero a los pocos segundos se calló de nuevo.
Cuando Sara salió de la ducha su niña había desaparecido, no estaba en la cuna donde la había dejado. Como loca se puso a buscar por toda la habitación, debajo de la cama, en los armarios… nada, ¡La niña había desaparecido!
Antonio que llegaba en ese momento encontró a su mujer gritando y llorando de desesperación, juntos revisaron hasta el último rincón de la casa, hasta que se dieron cuenta de que su perro tenía las patas llenas de barro y sangre en el hocico. Temiéndose lo peor, salieron a su pequeño jardín donde encontraron oculto detrás de un seto un agujero en la tierra, como una madriguera. Aterrorizados por lo que pudieran encontrar cavaron con sus manos. Bajo tierra encontraron el cadáver de su hija parcialmente devorada y los restos de lo que parecía su gato desaparecido. Antonio encolerizado fue en busca del perro y con un bate de béisbol le golpeó varias veces matándolo en el acto.
La policía llegó pocos minutos después y desconcertados por el caso llamaron a la perrera municipal para que se llevaran al animal, debían comprobar si tenía rabia y podría haber contagiado a sus dueños u otros perros del vecindario. El veterinario al llegar al lugar de los hechos dejó a todo el mundo estupefacto. “Esto no es un perro, es una rata enorme” Al parecer la rata había crecido junto a un riachuelo contaminado por lo que había perdido el pelo, su increíble tamaño también podría deberse a una mutación, motivo por el cual había crecido con un cuerpo bien deformado que se podría parecer al de un perro.”
Fuente: Creepypastas.com
domingo, 20 de julio de 2014
Slenderman
Slenderman es una criatura mítica a menudo descrita como un ser extremadamente alto y delgado sin facciones claras, vistiendo un traje negro y capaz de estirar o encoger sus brazos y torso a voluntad. Con apéndices semejantes a tentáculos brotando de su espalda, sus victimas caen en un estado hipnótico al verlo, durante el cual son incapaces de detenerse, incapaces de evitar acercársele.
La historia de Slenderman tiene registros, momentos y connotaciones que hacen pensar en que es algo más siniestro y real. No hay información específica sobre dónde se creó, pero su objetivo y hábitat son claros. Prefiere secuestrar niños, y es visto comúnmente antes de la desaparición de uno o múltiples infantes. Los niños pueden verlo mientras que ningún adulto cercano puede, y reportan tener pesadillas o sueños que involucran a Slenderman antes de desaparecer. Muchas de estas historias son tomadas siempre como imaginaciones muy activas, pero las desapariciones son reales.
En adultos, se denota que el contacto prolongado con Slenderman genera un violento y constante carraspeo, además de pérdidas de memoria. Este deterioro mental de las victimas se manifiesta a través de dibujos inconexos de figuras altas, árboles y el «Símbolo del Operador».
Aunque a Slenderman se le conoce como una fabricación, hay registros de verdaderos encuentros. Aparece en la oscuridad, y siempre asomándose por áreas boscosas y ríos cercanos. Se ha reportado que gusta de asomarse a ventanas abiertas, y que tiende a caminar frente a motoristas solitarios en caminos desolados. Slenderman ha (o han) aparecido en todos lados, desde Japón, Noruega y América; por nombrar algunos.
Fuente: Creepypastas.com
Publicado por
Octavio Lo Bue
en
13:25
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jueves, 17 de julio de 2014
La Ciudad Sin Luz
¿Hay alguien en tu vida que odies? ¿Alguien por quien darías cualquier cosa para hacerle daño, por quien pagarías cualquier precio a cambio de venganza? Si es así, quizá deberías considerar ir a la Ciudad Sin Luz.
Para ir ahí, ve a cualquier ciudad relativamente grande y busca un callejón abandonado por la noche. Entra en él, y cierra tus ojos lo más fuerte que puedas. Di en voz baja «Ciudad Sin Luz» y concéntrate en la oscuridad. Probablemente has notado que ves colores difuminados y figuras abstractas si enfocas tu vista cuando tienes los ojos cerrados; observa esas imágenes. Luego de unos minutos, deberían empezar a volverse más claras y brillantes.
Cuando esto ocurra, irán tomando formas concretas: imágenes de asesinatos violentos, animales deformados y semejantes. No importa lo que veas, mantén tus ojos cerrados. Comenzarás a perder la noción del tiempo, pero eventualmente las imágenes se detendrán y sólo verás oscuridad absoluta, nada más que un tono negro profundo, sin otros colores ni formas. Cuando estés seguro de que has alcanzado este punto, abre tus ojos.
Ahora te encontrarás en una ciudad bastante oscura, no habrá una sola luz o estrella en el cielo. Deberías poder ver las siluetas azul oscuro de los edificios a tu alrededor. Sal del callejón y camina tan silenciosamente como te sea posible por la acera, sin ir en ninguna dirección en particular.
Si escuchas algún movimiento, aléjate tan rápido como puedas del ruido. En la Ciudad Sin Luz habitan animales. Estará muy oscuro como para distinguir bien sus rasgos, pero son del tamaño de los grandes felinos y matarán a cualquier humano que atrapen. Sigue caminando hasta que llegues a un área con edificios más pequeños; el límite de la ciudad.
Te encontrarás con un niño, cuyo rostro emitirá un débil brillo, permitiéndote ver que no tiene ojos.
Te preguntará, «¿Compartirás tu luz conmigo?».
Di que sí, y el niño acercará sus manos a tu rostro y te sacará tu ojo derecho. Será doloroso, pero esto no te dejará ningún tipo de herida ni sangrarás. Luego te dará las gracias y se irá. Sigue caminando, y un hombre alto aparecerá frente a ti.
«¿La luz de quién deseas tomar?».
Di el nombre de la persona que odias, y tan pronto lo hagas esa persona quedará completa y permanentemente ciega.
«¿Tu odio ha sido satisfecho?», te preguntará el hombre. Si es el caso, di que sí, y despertarás en el callejón. Si la respuesta es negativa, di que no, y el hombre desaparecerá. Sigue caminando. Te encontrarás con otro niño sin ojos.
«¿Compartirás tu luz conmigo?».
Di que sí y te sacará tu ojo izquierdo, dejándote ciego. Sigue caminando y el hombre alto se te aparecerá de nuevo, aunque por supuesto ahora tendrás que depender del sonido de su voz.
«¿La vida de quién deseas que la oscuridad reclame?».
Di el nombre de la persona que odias, y esa persona morirá. No se te preguntará si tu odio ha sido satisfecho esta vez, y no serás capaz de volver al callejón. Te advertí que te aseguraras de que realmente odiabas a alguien antes de hacer esto, porque pasarás el resto de tu vida vagando por la Ciudad Sin Luz, ciego, con sólo tu odio para reconfortarte.
Para algunas personas, eso es suficiente
Fuente: Creepypastas.com
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